¿Funcionan las parejas interculturales?

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De acuerdo con un artículo publicado recientemente, las estadísticas muestran que el 6% de los matrimonios en EE UU son interculturales. Vivimos en un mundo globalizado, donde la inmigración está a la orden del día y es probable que algunas personas se acaben enamorando de un/a extranjero/a. ¿Pero realmente funcionan este tipo de relaciones?

Si te encuentras en una relación intercultural tienes que ser consciente de que si una relación de pareja de por sí no es sencilla, una relación intercultural es mucho más difícil, puesto que hay que adaptarse a costumbres y puntos de vista muy diferentes que tiene la otra persona. Si además le agregamos el componente del idioma y la distancia, todavía es más difícil.

No queremos decir que una relación intercultural sea totalmente imposible, pero si que es verdad es que es mucho más difícil que una relación de pareja con una persona de tu mismo país, ya que no solo te tienes que adaptar al carácter de la otra persona sino también a su cultura y costumbres. 

Cuando las relaciones de pareja se dan entre personas de dos continentes distintos (Ejemplo: asiático y argentina) las diferencias son aún mayores. Por eso, antes de iniciar una relación intercultural debemos ser conscientes de que esas diferencias existirán y que aunque a veces uno ponga mucho de su parte, pueden a ser tan abismales que hagan que la relación no funcione.

Según la web isepclinic: “Una premisa básica a tener en cuenta, es que la cultura es como un molde que nos da forma durante los primeros años de vida y nos acompaña a lo largo de todo ciclo vital. Determina la educación que recibimos a través de nuestros padres, de la escuela y de la sociedad, lo que a su vez condiciona nuestro comportamiento, nuestras ideas y creencias y, lamentablemente, nuestro punto de corte entre lo normal y lo anormal. La flexibilidad o la rigidez con la que se establece ese límite, nos permite hablar de personas más abiertas o más cerradas, es decir de mayor o menor flexibilidad cognitiva”

Es diferente cuando por ejemplo, uno de los miembros de la pareja haya vivido en el país del otro durante un periodo de tiempo prolongado (al menos más de cinco años) ya que esto le ha permitido aprender el idioma, y adaptarse a algunas de las costumbres del país. Por ejemplo, hay personas que cuando son adolescentes sus familias emigran a otro país y por lo tanto absorben mucho mejor la cultura y se adaptan muy bien cuando son jóvenes. Para cuando tienen 25 años, están perfectamente integrados en su país de acogida puesto que han absorbido la cultura y se han educado allí y además conocen bien a la familia de su pareja.

Sin embargo, si tu pareja vive en su país de origen probablemente encontrarás dificultades para entender algunas de sus emociones, creencias, forma de ser, etc por la falta de conocimiento de la cultura del país del otro.

En una relación intercultural hay que tener mucha más paciencia, comprensión y empatía que en una relación de pareja sin diferencias culturales. Estas diferencias a menudo pueden conllevar a la frustración. Seguramente alguna vez has conocido a una persona de otro continente, y te has dado cuenta al hablar con ella (incluso en tu propio idioma) de que no entiende las cosas más básicas igual que tú. El sentido del humor es diferente e incluso la personalidad. De por sí hay culturas más frías que otras y otras mucho más abiertas en su forma de ser.

A la hora de plantearnos un posible matrimonio con una persona de otro país debemos tener en cuenta muchos factores. En primer lugar, si después de la boda vamos a trasladarnos al país de origen de nuestra pareja, quizás sería conveniente haber vivido temporalmente en ese país para identificarnos con sus costumbres, clima, aprender el idioma, etc. Conviene plantearnos si realmente nos sentimos a gusto en ese país o sería un trauma para nosotros vivir allí y adaptarnos al país y a la familia y los amigos de nuestra pareja.

Respecto a la familia la psicologa María Tapia comenta en la web de isepclinic: “Conocer a la familia muchas veces ayuda a fortalecer los vínculos, a entender más a la pareja y a dotar la relación de aún más sentido. Pero, en otras ocasiones, el choque cultural puede afectar a la relación, bien porque los prejuicios de la familia impidan acercarse a la pareja o a la inversa. En estos casos no sirve de nada forzar a las personas para que cambien su punto de vista. Hay procesos que requieren tiempo y que, aunque son ajenos a la relación, pueden afectarla”.

Es importante tener los pies en la tierra, pensar con la cabeza y no dejarse llevar solo por los sentimientos románticos a la hora de decidir qué aspectos culturales de la relación son aceptables y cuales no podemos soportar, y aquello que estamos dispuestos a negociar o por el contrario no es negociable (educación de los hijos, religión, fidelidad, trabajo…).

Según explica la web psicología y crianza, las experiencias previas de cada miembro de la pareja son muy diferentes entre sí cuando han nacido en dos culturas totalmente opuestas, y son precisamente estas experiencias tan radicalmente diferentes las que hacen que a veces sea muy difícil ponerse en el lugar del otro pues se tiene una forma de ver la vida radicalmente opuesta.

Según Reger C. Smith: “Cada cónyuge trae a la unión matrimonial una lista (no escrita, por supuesto) de qué hacer o no hacer, qué decir o no decir, en un matrimonio. Estas listas individuales aprendidas en diferentes ambientes culturales o raciales, pueden diferir tanto que resulten inevitables los malentendidos y conflictos. Cuando las diferencias raciales o culturales se suman a las diferencias familiares, regionales y de clase, aumenta la posibilidad de que haya problemas. Aun las diferencias culturales pequeñas pueden causar malentendidos de importancia. He aquí algunos ejemplos comunes:

  • Demostración de afecto. ¿Cuánto afecto y qué formas de afecto son permisibles entre los cónyuges, ya sea en privado o en público?
  • Papel de los sexos. ¿Cuán rígida es la división entre actividades “masculinas” y “femeninas” dentro y fuera de la casa?
  • Actividades en tiempo libre. ¿Cómo comparten los cónyuges su tiempo libre? ¿Cuánto tiempo libre debiera disfrutarse sin el cónyuge?
  • Etnocentrismo. Es la tendencia de considerarlo todo desde el punto de vista de uno, lo cual, por supuesto, está condicionado por el trasfondo cultural de uno. Por ejemplo, cuando un norteamericano habla de la altura “normal” de una persona, esto podría significar alrededor de 1,80 metros (5 pies y 10 pulgadas). Pero para un japonés, “normal” puede significar otra cosa. La cantidad normal de comidas diarias puede referirse a tres en una cultura y a dos en otra. El hecho de que una esposa sea dependiente puede ser una virtud en una cultura, mientras que puede considerarse con desaprobación en otra.

Otras diferencias potencialmente problemáticas incluyen las relaciones con los padres y la familia política, la toma de decisiones entre los cónyuges y la crianza y disciplina de los hijos. Por lo tanto, estos y otros asuntos similares debieran discutirse con cuidado antes del matrimonio. Tales discusiones traerán a luz los sentimientos y expectativas de la pareja.

Es importante tener en cuenta tal y como cita Reger C. Smith que muchas veces las personas que inician un noviazgo a distancia con alguien de otro país, pueden carecer de una perspectiva equilibrada para evaluar objetivamente las características emocionales de la otra persona y su compatibilidad. Se mueven lejos de sus parientes, entorno y red social y por lo tanto su visión puede ser muy limitada y estar muy cegados por los sentimientos románticos sin darse cuenta de las diferencias culturales y los posibles problemas que podrían surgir. Tales parejas tienden a minimizar el impacto de las diferencias culturales, puesto que en el noviazgo se tiende a “acentuar lo positivo” y a pensar poco con la razón, dejándose influir demasiado por las emociones.

 “Casarse con un individuo de otra cultura es casarse también con esa cultura. El no expresar un interés o el hecho de que una de las partes asuma la posición de que no está adherida a su cultura da lugar al tipo más grave de problemas”. (Beulah F. Rothlici: “Dual-Culture Marriage and Communication”, International Journal of Intercultural Relations 12:35 (1988), p. 42.)

Si estás en una relación intercultural o tienes dudas acerca de comenzar una deberías hacerte varias preguntas. En primer lugar deberías considerar si la persona vive en otro país, ya que quizás si no dominas bien su idioma la comunicación no sea lo suficientemente fluida como para llegar a conocer a fondo a la persona. Por otra parte en los noviazgos a distancia todo se complica mucho más ya que muchas veces es difícil conocer bien a la persona, se pueden ver muy poco por los altos costes de los billetes de avión etc.

Ya hablamos en un artículo anterior de que el porcentaje de personas de otros países que se conocieron por internet y se casaron es muy bajo. Antes de empezar una relación así es fundamental preguntarse si tiene posibilidades de sobrevivir y estamos dispuestos a luchar por ella.

También debemos plantearnos qué factores tenemos en común. Está comprobado que cuanto más factores tiene en común una pareja, más posibilidades tienen de que su matrimonio perdure a largo plazo. Estas son algunas preguntas que deberías considerar seriamente:

– ¿Tenemos la misma fe?

– ¿Somos emocionalmente maduros como para casarnos en un periodo de unos dos años?

-¿Pertenecemos a culturas suficientemente cercanas como para permitir una mejor comprensión mutua?

-¿Nuestros valores y estilo de vida son similares?

-¿Y nuestra posición social?

La lista podría alargarse mucho más. Realmente estas son cuestiones a considerar seriamente. Si no tenemos puntos fundamentales en común y además somos de culturas muy diversas probablemente el matrimonio sea complicado.

En conclusión, no desaconsejamos del todo las relaciones interculturales puesto que cada uno es libre de decidir con quien estar, pero queremos dejar claro que habrá muchas más dificultades en una pareja intercultural y que si las diferencias culturales y formas de ver la vida son muy abismales, lo más probable es que no funcione.

Rebeca Ruiz Laguardia

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