¿Por qué fracasan tantas relaciones de pareja y matrimonios?

fracaso noviazgo

Esta mañana, después de desayunar me he puesto a leer uno de los últimos libros sobre pareja que compré en una librería cristiana. Siempre que puedo leo artículos o libros sobre este tema. Algunos quizás piensen que estoy obsesionada pero no es así. Simplemente me parece un tema interesante en el que invertir parte de mi tiempo y profundizar.

Algunas personas invierten tiempo en practicar un deporte o un idioma. A mi el tema de la pareja me parece interesante y siempre aprendo algo nuevo. Además es un tema que si algún día llego a casarme, me servirá haber leído tanto, porque me habré preparado mejor para el matrimonio. Y si es la voluntad de Dios que permanezca soltera, podré ayudar a otros con mis conocimientos, como ya hago por medio de este blog. Por lo tanto, es un tema que me enriquece personalmente y que también me ayuda a enriquecer las vidas de otras personas sea cual sea la voluntad de Dios para mi vida.

Mientras leía el capítulo 3 del libro, sentí la impresión de haber descubierto porqué fracasan tantos noviazgos y tantos matrimonios. Está claro que si un noviazgo fracasa es porqué no tiene las bases adecuadas. Pero es todavía más doloroso cuando un matrimonio fracasa; sobre todo si hay niños de por medio.

Si un matrimonio se rompe es porque la mayoría de las veces, su noviazgo no tenía buena base y no supieron identificar a tiempo la estructura deficiente sobre la que estaban construyendo su matrimonio. Aun con la estructura adecuada, la vida a veces nos presenta retos que hacen que en todo matrimonio haya problemas y pequeñas crisis, pero imagina cuánto se agrava la situación si la base sobre la que se estableció el noviazgo y el matrimonio no es una buena base. Los problemas se multiplican.

Conozco personalmente a un pastor que dice “que la mayoría de los matrimonios no están aprobados por Dios”. Reconozco que al principio cuando oí por primera vez esta frase de sus labios, me quedé pensativa, pero como ya había leído algunos libros sobre noviazgo no la consideré una idea del todo descabellada. Es de esas frases que se te quedan grabadas en algún rinconcito de tu cerebro y permanecen allí para toda la vida.

Han pasado años desde que la escuché, he leído muchos más libros sobre noviazgo cristiano, y a día de hoy, observando ciertos noviazgos y ciertos matrimonios, puedo decir que es cierto, la mayoría de los matrimonios que se casan no tienen buenas bases o no son relaciones aprobadas por Dios.

Me doy cuenta de que la mayoría de las veces que una nueva pareja se forma, ponen por encima sus sentimientos y deseos antes que la voluntad de Dios para su vida con respecto a la pareja. Incluso cuando dos personas están orando con respecto a una relación, pueden estar perfectamente anteponiendo sus propios deseos a la voluntad de Dios y creen que solo por el hecho de estar orando, Dios ya está bendiciendo su relación.

Se inician noviazgos demasiado rápido, muchas veces sin una base previa de amistad profunda. Se declaran sentimientos al mes de haber conocido a una persona , sin haber estudiado a fondo su carácter, y luego se ora y si todo marcha aparentemente bien según ellos,  muchos ya creen que su noviazgo ya está bendecido por el hecho de estar orando, y sin embargo pueden estar muy equivocados. 

Muchas veces algunos cristianos/as buscan la voluntad de Dios a ciegas. Conocen a un chico o chica y enseguida empiezan una relación de noviazgo con él o ella. Piensan ¿será esta persona Señor? ¿será esta otra? La voluntad de Dios no se consigue probando a ver si me va bien con una chica involucrándome en una relación de pareja precipitada, y luego si no es esta vuelvo a orar y será la otra… Así lo único que se consigue es dañar corazones…

Dios no revela su voluntad de esa manera. Las oraciones no cambian la voluntad de Dios. Muchas veces se ora tratando de que Dios bendiga una relación que quizás nunca fue su propósito que comenzara. Muchas veces se ora para tranquilizarse a uno mismo de que se están haciendo bien las cosas.

Por supuesto que hay que orar en una relación de pareja, ¡pero hay que orar mucho antes de comenzarla!. Pero muchas veces se ora, después de que por nuestra propia voluntad hemos iniciado una relación de pareja que quizás no estaba en los planes de Dios. Los sentimientos y emociones nos traicionan o quizás el no querer estar solos, y se inician relaciones de pareja sin apenas conocerse, relaciones sin base (corta edad, inmadurez emocional, sentimientos de infatuación, no querer sentirse solo/a …).

Como dice Joshua Harris en el libro “Él y ella”: “El romance es algo muy bonito. Pero solo porque es bonito no significa que podamos disfrutar de él con quien nos parezca y cuando nos parezca. Al igual que los demás dones que Dios ha creado, el amor romántico también puede ser usado erróneamente”. El sabio Salomón lo declara así: “os conjuro hijas de Jerusalem, que no despertéis ni hagáis velar el amor, hasta que quiera” (Cantares 8:4).

Muchas parejas se sienten profundamente enamoradas, pero esos sentimientos ¿están siendo despertados en el tiempo y el propósito de Dios? Recordemos que no es lo mismo estar enamorado que amar… El enamoramiento es un sentimiento, el amor es una decisión. El enamoramiento es pasajero, el amor verdadero permanece para siempre.

Una de las razones por la que muchos noviazgos fracasan es porque establecen romances sin sabiduría, basados principalmente en las emociones y en la atracción que sienten por la otra persona. Cuando se está enamorado el cerebro segrega una serie de sustancias que nos drogan de tal manera que muchas veces, no se piensa con claridad y se piensa que solo con sentir profundas emociones eso ya es base suficiente para una relación de pareja. Se ponen esas emociones por encima de la razón y se obvian muchas señales de alarma que indican que es una relación abocada al fracaso. Quizás nuestra familia o amigos las vean, pero nosotros estamos tan enamorados que no vemos que vayamos a tener un accidente emocional. Muchas veces, la ceguedad es tal que dichas relaciones acaban en boda… y dichas bodas con grandes posibilidades de divorcio o al menos de matrimonios muy desgraciados.

Veamos algunos de los motivos por los que fracasan tantos noviazgos y matrimonios que se construyeron sobre bases erróneas.

Noviazgos a edades tempranas

En anteriores artículos del blog ya hemos dicho que la meta del noviazgo es el matrimonio. Por lo tanto si no estoy preparado para el matrimonio ¿para qué empezar una relación?. A menudo veo parejas que inician noviazgos con 16, 17 o 18 años. Muchas de esas relaciones se romperán, otros de esos noviazgos se alargarán tantos años al no poder casarse todavía que caerán en fornicación, y otros muchos quizás terminen en bodas precipitadas sin estar preparados para el matrimonio.

En el libro de Eclesiastés la Biblia nos dice que todo tiene su tiempo. Y por supuesto que el noviazgo también lo tiene. Por mucho que queramos engañarnos a nosotros mismos a los 16, 17 o 18 años posiblemente no se sabe lo que es el amor de verdad, ni un noviazgo con propósito… así que mucho menos se está preparado para el matrimonio. A esos años, la mayoría de las veces se tienen noviazgos de emoción, sin bases ni principios sólidos para un matrimonio de éxito.

Muchas parejas cometen el error de casarse a edades tempranas, dejando de lado sus estudios o sin un trabajo estable. Piensan que como están enamorados todo lo demás no importa porque su amor podrá con todo. Pero se engañan a sí mismos. A los 18 años, generalmente salvo raras excepciones, no se está preparado para el matrimonio. Es una edad para cultivar relaciones de amistad y para estudiar y prepararse para la vida.

Muchos se preguntarán ¿pero si estamos enamorados qué hacemos? Si realmente esa persona es la que Dios tiene para ti, cultivad una amistad sin involucraros sentimentalmente, y no tengáis miedo porque a su tiempo Dios hará que todo suceda. El tiempo de Dios siempre es perfecto, pero muchas veces nosotros estropeamos todo al tratar de adelantar las cosas.

En el libro “Él y ella” de Joshua Harris se cuenta la historia de Rich y Christy, dos jóvenes que se conocieron con 14 años en un estudio bíblico y se involucraron en una relación sentimental a los 17 años, antes de comenzar la universidad. Comenzaron a declararse sentimientos, siendo que no estaban preparados para un matrimonio a corto plazo. El padre de Christy, al darse cuenta lo involucrada sentimentalmente que estaba su hija con este chico, decidió intervenir y tuvo una conversación con Rich.

Afortunadamente, Rich escuchó los consejos del padre de Christy y se dio cuenta de que no estaba preparado para mantener una familia (él y Christy deseaban continuar sus estudios universitarios). Y además, era demasiado pronto para que ambos estuvieran abanicando las llamas del romance. Una relación romántica prematura, solo iba a servirles como distracción mientras se preparaban para el futuro.

Rich decidió terminar con la relación y decidir relacionarse con Christy solo como una amiga. El plan funcionó durante un tiempo pero el corazón les volvió a engañar porque anhelaban los sentimientos y la emoción, y comenzaron a traicionar su compromiso de mantener la relación solo como una amistad.

No participaron en nada físico, pero se dijeron que se amaban y empezaron a alimentar sentimientos de nuevo. Después de varios meses se sintieron culpables de haber engañado a los padres de Christy que pensaban que solo eran amigos, y no estaban involucrando sentimientos de nuevo. Pidieron perdón a los padres de Christy y cortaron la comunicación. Rich enterró en el jardín las cartas que le había enviado a Christy para que ella no pudiera leerlas y alimentar sentimientos que no podían ser satisfechos y harían pedazos el corazón de Christy.

Sus sentimientos por Christy no habían cambiado pero él reconoció que no podía dejarse guiar solo por sus sentimientos. Tenía que actuar basado en sus principios y procurar hacer lo que mejor le conviniera a Christy. Con solo 18 años, Rich sometió sus sentimientos a la voluntad de Dios.

Un mes después de finalizar la relación por completo, Rich y Christy marcharon a estudiar a universidades ubicadas en diferentes ciudades del país. No se llamaron ni se escribieron y fue difícil porque el amor que sentían el uno por el otro no había desaparecido, pero sabían que no era el tiempo de Dios, porque eran jóvenes para iniciar una relación y porque no estaban preparados para el matrimonio que debería ser el objetivo de todo noviazgo.

Pasaron casi dos años sin hablarse y un día Christy le confesó a su madre que todavía estaba enamorada de Rich. El padre de Christy contactó con Rich para decirle que le agradecía que hubiera mantenido su promesa, y que quizás ahora ya eran más maduros para iniciar una relación. Rich oró mucho antes de iniciarla. Pero al buscar a Dios, sintió que no estaba preparado para el matrimonio. Todavía estaba tratando de discernir como se iba a ganar la vida. Sentía que aunque el padre de Christy le había dado luz verde para retomar su relación, Dios no se la había dado todavía.

Por lo tanto, Rich y Christy solo retomaron la amistad. Tuvo que pasar otro año más, para que iniciaran una relación a distancia (Christy todavía estaba en la universidad). Su relación era tan romántica como antes, pero esta vez era diferente. Tenían la aprobación de sus padres, y cada día su confianza con respecto al matrimonio crecía. Pasó el tiempo, y Rich le pidió a Christy que se casara con él, pero esto sucedió cuatro años después de haberse distanciado de ella.

Hoy en día Rich y Christy disfrutan de una verdadera historia de amor, pero fue porque estuvieron dispuestos a ser guiados por la razón antes que por las emociones, y a esperar el tiempo correcto de Dios. Cualquier persona puede tener sentimientos románticos, pero solo aquellos que buscan el propósito y la voluntad de Dios, podrán conocer a fondo el verdadero gozo del amor romántico.

¿Te imaginas qué hubiera sucedido si Rich y Christy hubieran seguido guiados por sus emociones y continuado con un noviazgo fuera del tiempo de Dios? Quizás hubieran alargado demasiado su noviazgo y caído en fornicación, o quizás se hubieran aventurado a un matrimonio precipitado para el que no estaban preparados emocionalmente y quizás hubieran acabado divorciándose.

Por lo tanto podemos concluir que el tiempo de Dios siempre es perfecto. Si no tienes edad suficiente para iniciar un noviazgo que culmine en un matrimonio, o si la tienes, pero no te sientes preparado para el matrimonio, no inicies ninguna relación. Primero prepárate.

 Cuando guiamos el romance con sabiduría, el resultado es un romance bendecido por Dios. Sin embargo el romance sin sabiduría se convierte en una caída en picado. Se convierte en egoísta, complaciente, y hasta idólatra. No es suficiente tener sentimientos románticos solamente. El romance que perdura, necesita sabiduría práctica y repleta de sentido común.

Noviazgos apresurados

Ya hemos explicado en el punto anterior que un tipo de noviazgo precipitado es el noviazgo a una edad prematura en la que no se está preparado para casarse. Sin embargo, se pueden tener 35 años y estar iniciando un noviazgo precipitado en otros sentidos.

Al igual que Rich y Christy, quizás no podías esperar para expresarle a alguien tus sentimientos, y como resultado comenzaste una relación prematura. O quizás te impacientaste y no supiste esperar el tiempo de Dios para que trajera alguien a tu vida, y decidiste buscarlo siguiendo tu propia voluntad y ahora lo lamentas.

A menudo veo relaciones que se inician prematuramente. Se pueden tener 35 años, y aunque sea una edad óptima para casarse, sin embargo se puede ser inmaduro emocionalmente y no haberse preocupado por prepararse para el matrimonio. Muchas personas inician relaciones porque no saben estar solas. Buscan con desesperación una pareja, se declaran sentimientos al poco tiempo de haberse conocido, e inician relaciones con la esperanza de que sean bendecidas por Dios, cuando quizás estén muy lejos de serlo…

En vez de orar y tranquilamente establecer una amistad, o simplemente escuchar la voz de Dios mientras se espera, se ponen los deseos personales por encima, y se inicia una relación prematuramente a la vez que se ora. Es decir se hace la propia voluntad pretendiendo que Dios de el visto bueno. Pero Dios no actúa así.

La paciencia es importante no sólo para esperar por el tiempo correcto cuando debes comenzar una relación, sino para permitir que se desarrolle a un paso saludable. La impaciencia lo apresura todo. Nos incita a ignorar el tiempo y la atención que requiere una relación de amistad saludable, y a lanzarnos inmediatamente a la intimidad física y emocional.

Joshua Harris narra la historia de Julia y Matt quienes fueron a cenar juntos y en su primera cita Matt halagó a Julia dando a entender que se sentía atraído por ella y ella admitió que era mutuo. (A veces no se dice en la primera cita sino al mes, lo cual es igual de prematuro).

Después de este pequeño coqueteo, el resultado fue una gira maratónica por los detalles de la vida personal de cada uno. La impaciencia los encaminó por una senda sin límites de velocidad. “Simplemente conectamos al instante” dijo Julia. Todo salió en la primera conversación. Ella desbordó ante él todos los detalles de su vida privada, y le contó sobre las luchas que enfrentó como nueva creyente y los errores cometidos con antiguos novios, antes y después de su conversión. Incluso le contó aspectos muy íntimos y personales.

Sentían que había confianza entre ambos, a pesar de no haberle dedicado tiempo a cultivar una amistad o a examinar con detenimiento el carácter y personalidad del otro. En los meses siguientes, continuaron siendo impulsados por la impaciencia. Sentían que había cercanía y confianza entre ambos. El ímpetu del romance era embriagador y al final, como sucede con todas las adicciones, el fervor se niveló y la ilusión dio lugar a la realidad. Aunque Matt le había dicho a Julia que había dejado atrás su vida pasada, ella descubrió que él estaba viviendo en pecado y participando secretamente en fiestas no recomendables para un cristiano. La relación terminó en terrible decepción y Julia lamenta el haber compartido tanto de su corazón con Matt.

Cuando se comparte intimidad sexual y se cae en fornicación y luego la relación se rompe ambas partes quedan dañadas. Pero también se puede quedar muy dañado sin haberse acostado con una persona. A Julia le sucedió que tuvo demasiada intimidad emocional con Matt antes de conocerlo bien , y luego se llevó la decepción de que esta persona no era la adecuada para ella.

Cuando una relación de pareja empieza de manera precipitada y se declaran sentimientos al poco tiempo de haberse conocido, muchas veces la infatuación ciega hasta tal punto que se idealiza a la otra persona y se pasan por alto aspectos alarmantes que se descubren con el tiempo y profundas heridas en el corazón.

Cuando Lisa conoció a Christopher (nombres ficticios) se fue enamorando poco a poco de él. Ambos compartían bromas, visiones parecidas sobre la vida, y un nivel compatible de espiritualidad. Trabajaban juntos por Dios y Lisa pensó que Christopher era el hombre de su vida porque tenían demasiadas cosas en común. Con el tiempo, conforme la amistad fue creciendo, se fue descubriendo que Christopher era egoísta, inmaduro emocionalmente, y carecía de empatía y  no sabía tratar a Lisa con delicadeza. Christopher hablaba de Dios, pero no sabía reflejar a Dios tratando bien a su amiga. La amistad se deterioró y Lisa quedó profundamente decepcionada pero decidió entregarle sus heridas y decepciones a Dios para que él las sanara.

Sin embargo, Christopher decidió seguir conociendo a otras chicas. En vez de preocuparse por prepararse para ser la persona correcta, por madurar emocionalmente y limar los aspectos de su carácter que podrían poner en serias dificultades un matrimonio, antepuso su necesidad egoísta de no sentirse solo frente a todo lo demás.

Christopher oraba cuando ya estaba involucrado en una nueva relación, pero la verdad es que tendía a involucrarse demasiado rápido y como ya hemos dicho el hecho de orar no bendice automáticamente una relación que no ha sido edificada sobre principios sólidos. Cada vez que Christopher conocía a una nueva chica, le decía lo que sentía demasiado rápido, sin analizar que probablemente esos sentimientos eran provocados por la infatuación y por la necesidad de no sentirse solo, y no estaban basados en una reflexión profunda y en el conocimiento de la otra persona.

Imagina por un momento que Christopher conozca a otra chica que no se haya preparado para el noviazgo. Probablemente, ella aceptará los sentimientos de Christopher e iniciarán un noviazgo prematuro (al poco tiempo de conocerse). Seguramente ella verá buenas cualidades en él, al igual que las vio Lisa al principio. Estas cualidades la cegarán tanto que probablemente quizás no se de cuenta de que Christopher carece de madurez emocional, y de falta de delicadeza y empatía.

Imagina por un momento que Christopher y su nueva novia idealizan tanto la relación porque creen estar enamorados, que no se dan cuenta de las importantes carencias de sus carácteres. Es verdad que nadie es perfecto, pero existen defectos de caracter soportables y defectos insoportables.

Imagina que esta pareja se casa, pensando que tienen mucho en común y que “el orar ha hecho automáticamente que Dios bendiga su relación”. Llegan al matrimonio y con el tiempo, la chica nota que su marido emocionalmente no sabe comprenderla, es egoísta, no empatiza con sus problemas y nunca ha desarrollado su lado emocional como para saber tratar a una mujer. Evidentemente, la chica se sentirá sola e incomprendida y decepcionada por haberse casado con una persona que no era lo que ella pensaba.

Si en cambio Christopher y su nueva novia, hubieran dedicado un año a conocerse sin prisas como amigos, en vez de declararse sus sentimientos al mes de conocerse, los aspectos sin pulir del carácter de Christopher hubieran salido a relucir seguramente. La chica se habría dado cuenta de que él no era maduro emocionalmente para un matrimonio y probablemente la amistad no hubiera desembocado en un noviazgo.

En la amistad, al no estar cegados por las emociones es más fácil conocer a la otra persona y no idealizarla antes de tiempo. En cambio, cuando uno se pone a salir con una persona sin haberla conocido profundamente como amigo/a, tiende a idealizarla y el enamoramiento le impide ver las alarmas de peligro.

Muchas parejas llegan al matrimonio sin haber visto alarmas de peligro. A menudo su noviazgo comenzó de manera precipitada y sin una amistad como fundamento, teniendo como base cimientos tan débiles como la pasión y las emociones o la necesidad de estar con alguien para no sentirse solo. Tales matrimonios, la mayoría de las veces tendrán graves problemas y muchos terminarán en divorcio.

Solo porque una pareja se encuentra en una edad en la que pueden seriamente considerar una relación matrimonial, no significa que deban proceder imprudentemente.

Las parejas impacientes comienzan a jugar a los enamorados antes de cultivar una amistad. Antes de pensar en un compromiso, comienzan a comportarse como si fuesen dueños el uno del otro. Muchos ni siquiera se han molestado en leer libros sobre noviazgo y en evaluar si su carácter está preparado para hacer a alguien feliz en el matrimonio. Actúan egoístamente pensando en lo que necesitan ellos, en lugar de evaluar si son idóneos para hacer felices a otra persona.

 Si no eres maduro emocionalmente no empieces una relación. Si estás preparado para casarte y estás involucrado en una relación, no permitas que la impaciencia te haga dar un paso apresurado. Toma las cosas con calma.

Noviazgos pasionales

Aquellos noviazgos que tienen como base las emociones o una profunda atracción física también peligran. Normalmente se pone la pasión por encima de la razón. Es cierto que una persona debe parecerte agradable físicamente pero tampoco es necesario una atracción desbordante y una pasión enfermiza.

Los noviazgos duraderos se asientan más sobre la razón que sobre la pasión o la emoción, la sabiduría los guía a ir en pos de una relación con propósito. Ser honestos respecto a nuestras esperanzas e intenciones para una relación, es básico y esencial para desear y hacer lo que conviene y es mejor para la otra persona.  Sin embargo, los noviazgos basados en la pasión y las emociones son guiados por sentimientos, y como dice la Biblia: “el corazón humano es más engañoso que todas las cosas”. Los sentimientos son variables y pasajeros. El noviazgo que no es capaz o no pretende llegar hasta el matrimonio, se convierte automáticamente en egoísta o autocomplaciente.

La pasión y la emoción se desvanecen y si no edificamos un noviazgo cuya base sea la compatibilidad de carácter, las metas en común, y que sea aprobado por Dios, sentamos las bases para un divorcio desde antes de casarnos. En realidad lo ideal sería que hubiera un equilibrio entre atracción física, atracción emocional, atracción intelectual y atracción espiritual, sin que ninguna de estas cualidades predominara preocupantemente por encima de las otras, todas en su justo equilibrio.

A menudo los noviazgos basados en fuertes emociones acaban en intimidad sexual antes del matrimonio. El camino del pecado siempre procura separar los sentimientos del compromiso. En Proverbios, se habla de la necedad como una malvada seductora que atrae a su víctima con ofertas de placeres sexuales y románticos, carentes de responsabilidad alguna. “Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; alegrémonos en amores”. Así es como obra la necedad. Nos llama a que disfrutemos sin la más mínima preocupación por el bienestar de los demás. La necedad procura la intimidad, sin obligaciones.

Sin embargo un noviazgo cuya base es la sabiduría, se abstiene de toda intimidad física, cultiva una amistad profunda, aprende sobre las metas y valores de la otra persona y se relaciona a un nivel espiritual en vez de a un nivel físico. Un noviazgo con propósito camina hacia un compromiso matrimonial, no procura ver cuan románticamente involucrado se está solo por pasarlo bien y divertirse. No se sumerge en las emociones ni en la intimidad física. Su base es una profunda amistad, respeto y un compromiso mutuo. Evita apresurarse hacia una intimidad física, y dedica tiempo a conocer la mente y el carácter de la otra persona.  ¿Puedes ver la diferencia?

Antes os hablé sobre Matt y Julia. Ellos son un vivo ejemplo de dos personas que, motivados por la impaciencia y el egoísmo, se emocionaron el uno por el otro, hasta que por fin tuvieron que reconocer que sus emociones estaban basadas en la fantasía. En realidad no se conocían. Sus emociones no tenían fundamento alguno.

En una relación, si nuestros valores son piadosos y tenemos una percepción correcta sobre lo que valoramos, entonces nuestras emociones serán adecuadas y saludables. Pero si uno de los dos no tiene una percepción correcta, las emociones serán inadecuadas y enfermizas. La sabiduría nos llama a basar nuestras emociones en información correcta, y no en distorsiones. Esto es precisamente lo que le ocurrió a Julia. Sus emociones crearon una imagen de Matt que no era real. Se lanzó a una relación con el corazón en la mano y con los ojos cerrados. Su maratónica conversación con Matt el primer día que compartieron juntos, creó una falsa seguridad de conocimiento.

Ambos revelaron aspectos muy íntimos de sus vidas, pero no expusieron sus realidades a la prueba del tiempo, ni se observaron el uno al otro en diferentes contextos. Como resultado, ambos se llevaron la errada impresión de que la intimidad que existía entre ellos era mucho mayor.

Durante la temporada de amistad previa al noviazgo, tenemos que batallar en contra de la tendencia de querer suplir lo que falta en el conocimiento que tenemos de la otra persona, con emociones basadas en la fantasía. Si no sabemos algo sobre él o ella, debemos hablar, hacer preguntas y descubrir cuáles son en realidad sus valores, motivaciones y metas.

Tenemos que trascender más allá de las actividades típicas y artificiales de una cita amorosa, y observarnos el uno al otro en situaciones de la vida real: con la familia, en la iglesia, con los amigos… El cortejo es un tiempo para ver lo bueno y lo malo del ser que amamos. Entonces, nuestras decisiones y emociones acerca de la relación podrán estar basadas en hechos.

El romance sabio es aquel que se deja llevar más por la razón que por la emoción. Aquel que se asegura de que los sentimientos fluyen de una realidad. El que valora el carácter de la otra persona como lo principal que ha conquistado su corazón.

Los problemas que hoy en día vemos en las relaciones (impaciencia, falta de propósito, y emociones mal fundadas) son todas expresiones de necedad. Necesitamos sabiduría. La sabiduría complementa el romance. Le sirve de ancla, lo disciplina y lo lleva a su máximo potencial. Cuando los vientos de las emociones soplan peligrosamente, la sabiduría actúa.

A menudo, algunas personas me escriben y me preguntan: ¿Cómo saber cuando estoy preparado para el noviazgo? La respuesta que siempre les doy es la misma: Estarás preparado para el noviazgo, si tienes una edad adecuada para el matrimonio y estabilidad económica y madurez emocional para casarte (el fin de todo noviazgo debe ser el matrimonio). Estarás preparado para el noviazgo, cuando la sabiduría esté por encima de tus emociones. Cuando antepongas la voluntad de Dios a la tuya y cuando no te apresures al tiempo de Dios.

¿Posees la habilidad de ejercer la paciencia? No hay nada de malo en desear estar casado. ¿Pero cuál dirías que es tu motivo principal para querer casarte? ¿No sentirte solo? ¿Que otra persona te haga feliz? ¿Probar el sexo? Ninguna de esas razones es correcta. Ninguna persona va a hacerte feliz si tu no eres antes feliz y si Dios no llena tus vacíos.

¿Es en cambio la confianza de que estás preparado para el matrimonio y que Dios ha traído a tu vida una persona piadosa? ¿O acaso es la impaciencia lo que te motiva? ¿Te caracterizas por la tranquilidad o por la ansiedad? No comiences nada hasta que puedas proceder pacientemente.

No puedes establecer una relación con propósito, ni marcar un curso definido para la misma, si aún falta demasiado tiempo para el matrimonio. Si hay demasiadas diferencias de carácter, culturas demasiado diferentes, distancia excesiva que impide conocerse realmente, u otras barreras grandes que impiden que la relación tenga unas bases sólidas para ser exitosa y progrese hacia un compromiso y matrimonio, dentro de un periodo de tiempo razonable, quizás sea mejor no empezar una relación con tantos problemas de por medio…

Seguramente, tras leer este artículo ya te has dado cuenta de algunos de los motivos por los que fracasan muchas relaciones de noviazgo y matrimonio: no fueron construidas sobre una base sólida.

En resumen: Asegúrate de que tus emociones estén basadas en la realidad. No te involucres en una relación precipitadamente. Asegúrate de que conoces lo que Dios dice sobre lo que verdaderamente importa en un compañero o compañera y qué es necesario para tener un matrimonio saludable. Aprende a discernir correctamente sobre tu propia situación y la de la persona en la que estás interesado. Recibe el consejo de otras personas más sabias que tú y fórmate leyendo libros sobre noviazgo y matrimonio. Ora mucho antes siquiera de conocer a una persona para que Dios te de sabiduría respecto a las relaciones de pareja.

No te dejes llevar por tus sentimientos hasta que primero los hayas puesto a prueba. El tiempo y la edad correctos para comenzar a dar pasos serios hacia el matrimonio, van a ser diferentes para cada uno de nosotros y dependerán de nuestra madurez emocional entre otros aspectos. Pero lo que todos debemos tener en común, es esperar hasta que la sabiduría predomine por encima de nuestras emociones. Solo entonces podremos experimentar un noviazgo en el tiempo correcto, con un propósito definido y con claridad mental.

Que Dios te bendiga y te de sabiduría para formar un noviazgo conforme a su voluntad.

Rebeca Ruiz Laguardia

Anuncios