El mito del matrimonio sobre el que nadie habla…

el mito sobre el matrimonio

Cuando somos jóvenes, cada uno de nosotros sueña con casarse con su alma gemela. Hombre o mujer, creo que todos nosotros estamos buscando un amor que nos complete, desde que tuvimos uso de razón.

Con el tiempo, la vida hace que nos volvamos más duros. Llevamos una carcasa exterior, y tenemos miedo de que alguien quiera entrar en nuestra vida, especialmente si hemos sido rechazados, ya sea por un amor o por un padre.

Algunos de nosotros nos hemos cerrado completamente, con miedo de que alguien entre en nuestra vida y nos rompa el corazón otra vez. Otros van buscando el amor diligentemente, creyendo que una vez que encuentren a su verdadero amor, todo marchará sobre ruedas.

Nos convencemos a nosotros mismos que cuando nos casemos y tengamos una familia, el anhelo de algo más desaparecerá. Pero aun así, sin embargo sigue quedando un agujero de Dios que ni siquiera la mejor esposa del planeta puede llenar.

El mito del matrimonio es que hay alguien que no es Dios, que puede completar nuestro vacío. 

Has estado buscando toda tu vida, sufriendo por un alma gemela, y luego viene alguien a decirte que ni siquiera la persona que Dios tiene para ti llenará ese vacío. Pero hay buenas noticias, no tienes que esperar hasta el matrimonio para sentirte completo. La única persona que puede llenar ese vacío en tu corazón es Jesús.

Hay una razón por la que ese vacío es “del tamaño de Dios” y es porque ningún humano que exista jamás puede llenarlo. Es un dolor por algo más, algo más allá de nosotros mismos. Es un amor divino el que estamos buscando.

¿Cómo obtener esa plenitud?

Enamorándote de Jesús.

Hay una mujer a quien guardo cerca de mi corazón. Ella creció en un hogar donde sufrió abuso físico y emocional. Su padre era un alcohólico y ella fue violada múltiples veces por diferentes miembros de la familia.

Ella recurrió al mundo para llenar su corazón dolorido. Perdió su tiempo acostándose con un hombre tras otro, experimentando una droga tras otra, y seguía estando rota.

Quedó embarazada a los 19 años, algo que no había planeado que ocurriera. Fue una buena madre. Amó a su hija, y llegó a conocer un amor que no podía explicar cuando tuvo a su pequeña hijita. Ella la amó de la mejor forma que sabía. Pero su hija no podía llenarla.

Más tarde se casó con un buen hombre que la amó y quiso cuidar de ella. Las cosas marcharon bien durante un tiempo, pero pronto comenzó a sentirse vacía otra vez. Su matrimonio empeoró y ella tuvo un romance extramatrimonial. Su marido no podía llenarla.

Su mundo comenzó a salirse fuera de control. Volvió a su vida anterior, esperando encontrar alguna clase de droga o amor que pudiera llenar su corazón. Pronto se dio cuenta que ni siquiera podía llenarse a sí misma. Nada funcionó.

Cuando era una niña, había aprendido que el amor de Dios era condicional. Ella creía que si no llevaba vestido o pecaba, iría directa al infierno. Ese era el standard con el que había intentado vivir, intentando ganar la gracia de Dios por sus propias obras.

Hasta el día de hoy oro por esa mujer. Significa mucho más para mí de lo que ella piensa, y espero que algún día, aprenda y entienda que lo que ella está buscando tan diligentemente se llama Jesús. Él nos ama. Quiere tener un romance con nosotros, pero a menudo apartamos nuestros corazones de la forma más genuina de amor que existe, negando nuestra existencia como hijos e hijas de Dios.

 Nunca olvidaré el día en el que me casé con el amor de mi vida. Sabía que era el hombre que Dios tenía para mi. Algunos años después me encontré en una situación en la que estaba lejos de Dios. Nos habían herido hasta lo más profundo de nuestro ser. No entendíamos porqué Dios permitía que tanto dolor de corazón entrara en nuestras vidas.

Me había convencido a mí misma de que todo sería perfecto cuando encontrara a mi príncipe. Pero rápidamente me di cuenta de que había que luchar con uñas y dientes aun estando en la voluntad de Dios.

Me había convencido a mí misma de que todo lo que necesitaba era a mi marido. Él era después de todo el hombre que Dios tenía para mi. Sentí que me faltaba paz. Había algo que faltaba. Había echado a Dios fuera del trono de mi corazón y puesto a mi marido en su lugar. Había abandonado al mismo que me dio a este maravilloso hombre de Dios. Olvidé la fuente de mi paz y de mi gozo.

Una noche estaba de rodillas clamando a Dios, y ya hacía meses que estaba orando en realidad. Le pregunté a Dios porqué sentía ese enorme vacío en mi corazón y el me respondió: “has olvidado tu primer amor”.

Mi corazón se rompió. No me había dado cuenta cuan lejos se había alejado mi corazón del Señor. Me arrepentí y le pedí a Dios que me ayudara a ponerlo a él en el centro de mi corazón y en el centro de nuestro matrimonio.

Mi marido fue muy bueno conmigo. Me amaba incondicionalmente, y Dios lo usó para traer sanidad con respecto a mi infancia en maneras que ni siquiera puedo describir. Amo a mi marido hoy mucho más que el día que nos casamos. Pero él no es mi Dios. Aunque recibo mucho gozo y paz en mi relación con Kevin, mi fuente principal es Jesús.

Amigos, si vuestro corazón siente que le falta algo, os animo a estar asolas con Dios y orar, incluso si nunca antes lo habéis hecho. Podéis tenerlo todo en este mundo, pero si os falta la intimidad con el padre, os sentiréis vacíos. Dios te está llamando a un romance apasionado con él.

Él tiene cosas maravillosas para tí en el futuro. Traerá a tu vida tu Adán o tu Eva. Pero primero establece quien eres en Él. Encuentra tu valor en Jesús, no en las cosas de este mundo.

Puedes tener unos hijos maravillosos, mucho dinero en tu cuenta de banco y la mejor esposa del mundo y aun así sentirte incompleto. Nuestras almas fueron creadas a imagen de Dios y necesitan algo que no podemos encontrar en este mundo. Si estás siendo tocado al leer esto, es que Dios está llamando a tu corazón. Dile a Dios en oración: “Ten compasión de mí. Me arrepiento de mi forma de vivir y te pongo en el trono de mi corazón. Ven y lléname. Quiero tener una relación contigo. Ven a mi corazón. En el nombre de Jesús, Amén”

Tiffany Langford

 

 

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