Las parejas que esperan tienen vidas sexuales más satisfactorias

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Primero viene el amor y luego el matrimonio. ¿Dónde encaja el sexo en todo esto? Las parejas que esperan a tener sexo hasta estar casadas son mucho más felices que aquellas que no lo hacen, de acuerdo a un estudio de la “Amerian Psychological Association Journal of Family and Psychology.”

El estudio se ha basado en 2.035 individuos casados que han participado en una evaluación online, que incluía preguntas como: ¿cuando se volvió sexual tu relación?

Un análisis estadístico de los participantes mostró que las parejas que esperan hasta ponerse el anillo disfrutan significativamente de más beneficios que las que han tenido sexo antes: la tasa de estabilidad en la relación era un 22% más alta; la tasa de satisfacción en la relación era un 20% más alta; la calidad sexual de la relación era un 15% mejor y la comunicación un 12% mejor.

“Hay más en una relación que el sexo, pero encontramos que los que han esperado durante más tiempo son más felices con el aspecto sexual de su relación” dijo Dean Busby, profesor de la Universidad Brigaham Young University School of Family Life.

¿Por qué esperar produce esos beneficios?

“Pienso que es porque ellos han aprendido a dialogar y tienen habilidades para trabajar con los problemas que surgen dijo el Profesor Busby.

Si piensas que es porque las parejas que eligen esperar lo hacen por creencias religiosas – y ellas son las responsables de todos estos sentimientos de extra felicidad- estás equivocado. Independientemente de la religiosidad, esperar ayuda a la relación a formar mejores procesos de comunicación, y esto ayuda a mejorar la estabilidad a largo plazo y la satisfacción de la relación, dijo el profesor Busby.

Fuente: Theglobeandmail.com

¿Cómo se si lo que siento es verdadero amor?

Es muy fácil confundir el amor con los sentimientos de agrado y fascinación que una persona nos despierta y terminar así haciendo promesas y entregas de amor cuando aún no estamos listos.

Afortunadamente, varias ciencias modernas como la psicología y hasta la bioquímica han salido hoy al paso de los enamorados para ayudarles a clarificar sus sentimientos. Con base en esos datos podemos por eso decir, desde ya, que el amor a primera vista no existe. Toda relación de pareja, por tratarse del encuentro entre dos personas, pasa por distintas etapas hasta llegar, algunas veces, al amor.

Identificar en qué etapa de la relación vas con tu pareja te ayudará a saber también qué tipo de opción les conviene más y cómo pueden orientar su relación hacia la conquista del amor verdadero.

Las etapas del amor:

La relación de pareja pasa por distintas etapas que se pueden identificar como el enamoramiento o atracción, la etapa romántica o del “Te quiero” y finalmente “El amor”.

El enamoramiento:

Es la etapa rosa y apasionante en que una pareja se siente fuertemente atraída y fascinada por otra la otra persona. Estas sensaciones son tan fuertes y placenteras que muchas parejas creen que este es el amor.

Sin embargo, la atracción que une a los enamorados no es más que el efecto de unas sustancias llamadas feromonas que, además de alterar nuestros sentidos y hacernos sentir gran goce y pasión ante el más mínimo contacto con la otra persona, nos hace creer que con nadie podríamos ser tan felices.

Es decir, el agrado físico es tan fuerte que la mente también queda como enceguecida o fascinada. Por eso los enamorados no ven los defectos de su pareja e incluso dudan que pueda tenerlos. Todo parece perfecto.

A esta falta de objetividad se suma el hecho que, los enamorados, si no mienten sobre ellos mismos, por lo menos esconden sus errores y exageran sus virtudes pues desean conquistar a todo precio la persona que les proporciona tan gratas sensaciones.

En conclusión, el enamoramiento es una fase donde prima el placer pero donde se carece de realismo pues no sabemos aún cómo es realmente la otra persona. De hecho, durante el enamoramiento, lo que amamos del otro no es lo que él o ella es, sino lo que sus caricias, detalles y compañía me producen cuando me toca, me habla o me invita.

Estas sensaciones son además pasajeras pues el efecto de las feromonas dura máximo 3 años. Si durante este tiempo la pareja no se ha dado la oportunidad de dialogar mucho y esforzarse por conocer la realidad del otro, en vez de quedarse engolosinada en encuentros llenos de caricias pero con poco contenido, la relación se acaba. Si además se tienen relaciones sexuales durante esta etapa, el efecto enceguecedor de las feromonas se duplicará creando una sensación ficticia de intimidad.

El enamoramiento no es la etapa para la entrega que supone la vida sexual y matrimonial.

Etapa Romántica o del “Te-Quiero”

En la etapa romántica la pareja empieza a compartir más y por tanto a conocerse mejor. Al ir entrando en el mundo de la otra persona, de sus gustos, de sus ideas, de sus características, de sus habilidades, etc., empiezan a aparecer las cosas que realmente nos atraen de la persona, y no sólo de su cuerpo. Se empieza a disfrutar de lo que la persona es, y no únicamente de lo que esa persona causa en mí.

Algunas de las característica que descubrimos en la pareja son reales. Podemos ya ver algunos defectos, pero también puede haber todavía mucha fantasía o idealización (amo los sueños que el otro despierta en mi). Por eso es importante recordar que apenas se está comenzando el conocimiento de la otra persona.

Junto a la pasión de las feromonas, en la etapa romántica aparece la ternura. Ésta busca llegar a lo profundo de la otra persona para halagarla o hacerla sentir bien.

Con todo, la etapa romántica no es todavía el amor. Aún no conozco a la otra persona como para saber si estaría ya dispuesto(a) a entregarle las llaves de mi casa o la clave secreta de mi cuenta bancaria. Y si eso es así, entonces es signo de que aún no estamos listos para una entrega total como la que supone la sexualidad o el matrimonio.

El Amor:

El amor no es el arrebato ciego y apasionado de los enamorados. Tampoco es la idealización rosa de los románticos. El amor es la unión estrecha, la confianza profunda y el deseo de buscar en todo el bien de la otra persona. Este sentimiento surge cuando se conoce a la pareja y se es feliz con lo que se sabe de ella. Entonces nace el impulso confiado de dar todo de sí y de recibir todo lo que el otro es, para formar un “nosotros”.

En otras palabras, en el amor la confianza y la generosidad son los elementos claves y se relacionan mutuamente: porque confiamos, deseamos entregar generosamente toda nuestra vida. Pero no se puede llegar a la confianza sin el conocimiento mutuo.

Por eso podemos decir que el amor se compone de cuatro elementos:

Conocimiento:

Y conocerse significa al menos que:

Sé de dónde vienes y a dónde vas.
Sé cómo reaccionas cansado, con rabia, bajo estrés, cuando estás contento.
Sé gran parte de tus defectos y cualidades.
Sé tus valores y los comparto.

Aceptación:

Admiro lo que eres.
Me gusta tu físico y tu manera de ser.
Entre todas las personas que pueden gustarme, te escojo a ti.
No espero que cambies para amarte. Aunque no cambies así te quiero.

Confianza:

Sé que en ningún momento quieres hacerme daño.
Puedo confiarte mi salud, mi dinero, mi futuro, porque sé que deseas cuidar de mí.

Deseo de entrega:
Verte feliz me satisface.
Conozco tus aspiraciones y estoy dispuesto(a) a apoyarlas.
Ofrezco todo de mí para que buscar tu bien tanto material, sexual como emocional.
Estoy dispuesto a invertir todas mis energías en acompañarte, entenderte y servirte, aún cuando implique renuncia y sacrificio de mi parte.

Para quien es creyente es claro que no hay mejor definición de amor que la que Jesús nos dio: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” (Juan 15,13). Así, el amor deja de ser sólo un sentimiento y se convierte en la permanente acción de auto-donación o entrega por el bien del otro.

En una pareja no siempre los dos llegan juntos, o al mismo tiempo a desarrollar este tipo de amor. Si después de un periodo uno de los dos, o los dos, no avanzan hasta alcanzar este amor de entrega, es porque no están listos para ser un matrimonio.

El amor debe ser alimentado permanentemente. Por eso, el hecho de que una pareja se case amándose, no implica que ya tiene su felicidad garantizada. Cada cual debe esforzarse por cuidar y avanzar día a día en la entrega, la confianza, el mutuo conocimiento y la aceptación del otro.

Fuente: Por tu matrimonio

Noviazgo cristiano: amar con la mente

amar con la cabeza

La mente juega un papel fundamental en el Amor; realmente me atrevo a decir que es la parte que mayor efecto tiene (o mejor dicho “debería” tener) en el Amor. El dilema radica en que la hemos separado radicalmente del concepto de Amor y hemos creado paradigmas mentales como “El Amor se siente, no se analiza”, o “no pienses tanto lo que debe simplemente sentirse” y demás frases que solo destruyen y desvirtúan totalmente el verdadero concepto de eso que llamamos “Amor”.

Dios nos manda que lo amemos con la mente y amar al prójimo con ella también; entonces los conceptos que pretenden separar al Amor de la mente van en contra de la Palabra Divina. Debemos Amar con la mente.

La mente juega un papel fundamental en el Amor y no involucrarla trae consecuencias nefastas; cuando hablamos de involucrar en el Amor: Pensamientos, Ideas y Sabiduría, hablamos de pensar ideas sabias acerca del Amor. No estamos diciendo que debamos eliminar la parte emocional y sentimental del Amor, se trata de involucrar nuestros pensamientos y la sabiduría en nuestra vida amorosa. Se trata de no dejarse llevar por emociones temporales sino por decisiones eternas. SABIDURÍA ES LA CLAVE.

En la actualidad muchas personas se casan con “el que les conquistó el corazón”, ¡pero también se debe conquistar la mente! Por falta de esto es que hay tantos hogares con mucha pasión pero sin nada de sabiduría para administrar bienes, tomar decisiones sobre el futuro y saber qué hacer, hemos delegado a la mente a un lugar fuera de nuestra área emocional y es un grave error que casi siempre termina muy mal: debemos amar sabiamente.

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Noviazgo cristiano: El amor no es un sentimiento

el amor no es un sentimiento

 

Jeremías 17:9: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso” ¿Quién lo conocerá?

Este tipo de versículos rompe paradigmas e ideas acerca del concepto que la humanidad tiene acerca del Corazón y del Amor. El corazón siempre ha sido objeto de culto en la historia moderna de la humanidad, se le atribuye el centro de las emociones humanas, de todo pensamiento y de cualquier acción u obra buena que se realice. El corazón ha sido puesto en un lugar tan extremadamente alto que muchísimas personas alrededor del mundo se “basan en él” para realizar un sinfín de acciones y sentir un montón de emociones diversas. Muchísimas personas entregan al corazón la autoridad de decidir sobre todos esos asuntos de su vida y no se han percatado de una realidad muy fuerte: La Biblia declara que no existe nada más ENGAÑOSO que el corazón humano.

¿Cómo entregarle asuntos de tanta importancia a algo que está catalogado por Dios como lo más engañoso que existe sobre la faz del planeta? Hay una realidad clara en todo esto: el ser humano al referirse “al corazón” se está refiriendo a sus “sentimientos y presentimientos”, y estos últimos ¡nadie podrá negar que son absoluta y radicalmente cambiantes! ¿Cuántas veces hemos “sentido” que nos estamos enamorando de alguien y al mes ya “sentimos” que nos enamoramos de otra persona? Así de cambiante es el corazón del ser humano y Dios lo sabe, tanto así que lo deja por escrito: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso, ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9)

Es impactante la frase “más que todas las cosas”, porque amplía en gran manera la dimensión de este versículo, Dios está delegando un poder extraordinario (negativo, claro está) al corazón, en otras palabras Dios está dando una advertencia al ser humano: “no te fíes (confiar) en tu corazón , porque es lo más ENGAÑOSO que existe en la creación”. Ser engañado no es cosa de risa y más cuando lo que está en juego no solo es muy valioso sino que es determinante para nuestra vida. La clave central es esta: El amor no es un sentimiento y tampoco puede estar basado en este último ya que como vemos el corazón (sentimientos y emociones) es tan cambiante que resulta ENGAÑOSO confiar y depositar nuestra confianza en él, si así hiciéramos NUNCA obtendríamos buenos resultados en nuestras acciones y decisiones ya que estarían basadas en “lo más engañoso que existe” y ¡eso sería mortal!.

El amor no es un simple sentimiento formado de emociones engañosas, se trata de algo mucho más profundo, el centro del Amor no puede ser el corazón porque si así fuera nuestro nivel de Amor sería tan cambiante y engañoso como lo es el corazón! Es por eso que el primer mandamiento declara que debemos Amar con todas nuestras FUERZAS, MENTE y también el corazón, en otras palabras el Corazón es parte importante en el Amor, pero NO es el centro, ni mucho menos la única parte que tiene que ver con eso que llamamos amor.

Debemos de renovar nuestro concepto de amor y es más, debemos de renovar nuestra manera de amar. Marcos 12: 30 dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”

La Biblia nos da en este mandamiento el concepto claro de lo que incluye el Amor: CORAZÓN, ALMA, MENTE Y FUERZAS, si una de estas cualidades faltara NO podríamos llamar a lo que hacemos “Amor”. Si bien es cierto que el amor incluye a los sentimientos y emociones (corazón), también es notorio ver que NO es lo único que incluye, ya que el Amor real no se compone exclusivamente de corazón, sino también de Alma (esencia del ser humano/Pureza), mente (pensamientos y sabiduría) y fuerzas (sacrificio, constancia y entrega). Esto nos da un panorama más claro acerca de la realidad que significa Amar ya que no se trata de sentir emociones sino de un conjunto de cualidades en beneficio de alguien más. El amor se compone de cuatro partes fundamentales: Mente, alma, Fuerzas y Corazón.

Autor: Pastor Alejandro Rivas

Noviazgo Cristiano: Noviazgos de emoción.

noviazgo emocion
Salmos 42: 5 “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.
Es difícil aceptarlo, pero lastimosamente es cierto y es que los noviazgos cristianos muchas veces no tienen nada de diferente a un noviazgo mundano. ¿Por qué?, pues porque esta siguiendo el mismo modelo que el mundo enseña sobre el noviazgo, olvidándose que el que esta en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron y he aquí todas son hechas nuevas.
Yo le llamo noviazgo de Emoción a aquellos que son dejados llevar por el emocionalismo del momento, olvidándose de consultar y esperar una respuesta de Dios.
¿Sabias que entre consultar y esperar hay una gran diferencia?, ¡Claro que la hay!, aunque no te guste aceptarlo, pues yo también es sido joven y se de lo que te hablo, no te digo algo que me contaron, te digo algo que he vivido en mas de alguna vez.
Para enseñarte un ejemplo de noviazgo de emoción te lo describiré a continuación, recuerda que toda coincidencia es pura providencia:
El chico o la chica llegan a la Iglesia y de repente vieron a alguien que les simpatizó, en momento determinado chocaron y tuvieron una conversación, se dieron cuenta que tenían cosas en común y se comenzaron a ver con otros ojos, se piden el nuevo de teléfono y se llaman una que otra vez, se envían mensajes de texto a su móvil como buenos amigos y uno que otro e-mail sin faltar la típica postal. Luego de una semana se dieron cuenta que son tal para cual y deciden comenzar a orar para saber si Dios quiere que estén juntos, después de dos días se dan cuenta que si, Dios quiere que estén juntos y después de 9 días de haberse conocido o de haberse enamorado, comienzan un noviazgo el cual “Dios lo autorizo”.
Lastimosamente el 99.99 % de esta clase de noviazgos terminan en un desastre completo, corazones dañados, jóvenes que ya no creen en el amor y lo peor de todo muchos se alejan de Dios, como que si Dios tuviera la culpa de su emocionalismo.
Ahora que ya sabes a lo que me refiero al mencionar un noviazgo de emoción, quiero decirte que entre consultar a Dios y esperar una respuesta hay mucha diferencia, no solo en concepto, sino en TIEMPO.
La mayoría de jóvenes, quizá consultan a Dios antes de entablar un noviazgo, le dicen: “Dios dime si ella o el es para mi”, OK ya hiciste la primera parte, aunque si tu oración es tan corta como la que escribi creo que tardará más en responder, puesto que si no tienes un habito de búsqueda de Dios, difícilmente serás audible a su voz, pero digamos que ya oraste, OK hasta ahí estábamos bien, ahora viene la parte mas difícil y es la de ESPERAR.
La palabra ESPERAR no es muy popular entre el pueblo de Dios, mucho menos entre los jóvenes, todos queremos las cosas instantáneamente, como por arte de magia, como que si Dios no tiene a quien mas contestarle solo a nosotros y es por eso que necesitamos ya o ya la respuesta.
La mayoría de noviazgos que fracasan es porque no pudieron superar la etapa de ESPERAR, sino que se dejaron llevar por su emoción y comenzaron su noviazgo, creyendo que con solo consultar su respuesta era un SI. Lastimosamente se olvidaron que después de consultar, viene una respuesta, que como puede tardar un día, puede tardar un mes o un año, no lo se, Dios tiene un trato diferente con cada uno de nosotros.
Es por esa razón que te invito a entender que cuando consultas a Dios, tienes que esperar una respuesta de El y mientras no la tengas, no des ningún paso adelante, puesto que si lo haces, todo lo que hagas fracasará.
No te adelantes por un emocionalismo, si realmente anhelas que esa persona sea la indicada para ti, espera en Dios una respuesta, puesto que si es para ti, nadie absolutamente nadie te la puede quitar. Dios ya tiene trazado un plan perfecto para tu vida, pero depende de ti si permites que ese plan se cumpla o lo quieras cambiar por una emoción que te durara poco y te dejara mal tu corazón.
Te invito a que no caigas en el error del noviazgo de emoción, sino que tu noviazgo sea un noviazgo que anhela hacer la voluntad de Dios desde el inicio y ¿Como demostrarlo?, pues la mejor manera es: Esperando una respuesta de Dios.
Dios quiere bendecirte, pero el tiene un tiempo especifico para todo, no te adelantes a ese tiempo por una simple emoción pasajera, pues lo resultados de tu emoción te pueden costar la unción.
Autor: Enrique Monterroza